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Prof. Elena Noseda

Bonjour and good night!: aprendiendo lengua extranjera

A lo largo de mi vida profesional fui alumna - con éxito y sin éxito- de clases de francés e inglés.
En los años 50´ después de la guerra, siendo yo adolescente, el francés era el idioma de la cultura y del refinamiento -en especial para las mujeres- al que accedí desde el colegio secundario. Y luego  en la universidad, siendo estudiante de Letras, lo continué por largos años ya que no eras nadie si no leías a Proust en su idioma, más allá de que nos resultara extenuante y casi imposible de entender. Seguías siendo nadie si no entendías qué quería decir escargot au vin blanc  aunque nunca tuvieras la oportunidad de probarlos. Y después veneramos la nouvelle vague.
Pero ya suspirábamos las chicas por los actores de Hollywood y las películas en technicolor asique se me apareció después el inglés, primero menospreciado por utilitario, sajón y hasta un tanto vulgar -con sus vaqueros masticando chicle y bebiendo del pico de la botella- y luego desesperadamente imprescindible para viajar, cantar con Frank Sinatra –Strangers in the night!!!...-, incorporar el I love you al diccionario amoroso y finaly, entender las indicaciones de los electrónicos cuyos modestos turn on and turn off te abrían y cerraban las puertas del paraíso.
En 1982 estudiaba inglés en el Instituto Británico de la Plata.
Pero la ciudad estaba consternada porque a 1000 chicos nuestros de dieciocho años se los habían llevado los militares a las Islas Malvinas, entre ellos al mío. Durante el transcurso de los tres meses de la guerra asistí regularmente a las clases, supongo que para continuar con algunos hábitos y no enloquecerme más de lo que estaba.  
Aprendía el idioma del enemigo, qué paradoja. Aunque la confusión nacional era saber si el enemigo hablaba inglés o castellano.
Mientras tanto junto con mi marido y otros dos  matrimonios, coordinábamos el Grupo de Padres de Soldados donde conteníamos a cientos de familiares en crisis. En el idioma de infancia como dice María Elena Walsh, aprendimos dolorosísimamente palabras como Exocet, bombas Beluga, Puerto Argentino, odio, terror, desolación, miedo, hambre, dulce de batata, bombardeo, esquirlas, ruego, muerte, desaparecido en combate y finalmente la palabra ex-combatiente para los que volvieron.
Mientras tanto la paranoia era fuerte, en el Instituto temían un atentado, los profesores se sentían traidores enseñando la lengua enemiga que por otro lado adoraban.
Muchos entraron en crisis con su profesión. A algunos ayudé a serenarse cuando siendo madre de un soldado, los absolvía del pecado del inglés ya que ellos lo enseñaban y yo estaba allí aprendiéndolo. Finalmente le cambiaron el nombre por Instituto Argentino-Británico de La Plata. No recuerdo si pusieron la bandera argentina afuera. O las dos. Recuerdo que se discutió ese problema.
Cuando mi hijo regresó abandoné el curso. Ya no había espacio para otra cosa que no fuera transitar la penosa post-guerra, otra palabra larga y dificilísima.
Mucho tiempo después pensé que durante la guerra seguramente había hecho con el idioma inglés una relación de identificación con el enemigo, como hacen los secuestrados con sus secuestradores – el famoso síndrome de Estocolmo-.
Pasado el tiempo lo retomé, pero me quedó un sabor amargo cuando veía la bandera inglesa o escuchaba God save The Queen.
En fin, dilemas de una época enloquecida.
Aprendí idiomas más fácilmente siendo joven y con mayor dificultad a medida que los años pasaban. Siempre miré con interés crítico la didáctica que aplicaban en las clases:
me aburrí en muchas, estuve interesada en otras, enjoyed the videos aunque me costaran, hablaba y entendía con dificultad, me reía mucho con mis compañeros, comprendía bien leyendo y escribía sin errores de ortografía. Eso sí, me encantaba estudiarlo. La metodología propuesta por los textos era activa, variada y llena de dibujos y situaciones y en eso los idiomas extranjeros avanzaban más velozmente que el castellano. Pero la puesta en acción era rígida como el protocolo inglés.
Ya en el aspecto específico psicodramático generalmente vi que los profesores ofrecían la propuesta de ser espontáneos sin serlo, mirando el reloj con disimulo para ver cuando termina este rol  playing que solicita el texto, a veces aburridos, tensos porque no saben cómo conducir la escena, dando escasos 5 a 10´ para la dinámica, sin escuchar o no saber cómo aprovechar algo divertido que está sucediendo, pendientes de que hay que cumplir lo programado. En cuanto nos entusiasmábamos conversando sobre algún tema surgido espontáneamente, el teacher cortaba sistemáticamente la comunicación: no correspondía a la estructura gramatical a fijar en la planificación del día. Casi siempre anhelaba lo espontáneo que a veces aleteaba por un fugaz instante.
Yo venía con un training difícil de satisfacer: no quise nunca renunciar a ser libre y divertirme mientras aprendía. El resultado del aprendizaje fue regular, por supuesto. Y no es solamente culpa de los otros: yo tuve mi propia cuota  de responsabilidad en el asunto. Posteriormente enseñé el método psicodramático a muchos profesores de lengua extranjera, donde ocurrían fenómenos muy interesantes. Por ejemplo, recuerdo que un día los teachers confesaron que eran muy inhibidos para el francés, o viceversa.
Entonces les propuse  a cada grupo un cambio de escena: les touristes françaises  visitaron London by bus mientras un guía les hablaba solamente en inglés, los conversaba, les preguntaba cosas y les pedía que expresaran palabras aunque no supieran el significado -¡no sé nada, no me acuerdo, qué vergüenza!- hasta que la lengua se fue aflojando y empezaron a aparecer cataratas de palabras que inundaron the evening on The Tames.
Then the Englih tourists´group visitó París y fue recibido  pour un guide  que les dijo:
Bon,mes amis, Je vous parle lentement de manière à être compris. A esa altura iban entendiendo de manera global lo que se decía  y así visitaron  la Tour Eiffel et l’Avenue
des Champs Elysées. Por supuesto al final los dos grupos se convidaban beaujoleais
avec du fromage, or cigarettes and beer.
Alguien comenzó a recitar Dejeuner du matin, una inolvidable poesía de Prevert donde una pareja  termina su relación dans un café parisienne:
 Il a mis le café
Dan la tasse
Il a mis le lait
Dans la tasse de café
Il a mis le sucre
Dans le café au lait…
Y así siguió hasta el triste final:
Et il est parti
Sous la pluie
Sans une parole
Sans me regarder
Et moi j´ai pris
Ma tête dans ma main
Et j´a pleuré.
Para no ser menos, otro dijo solemnemente apoyando la mano en una cabeza:
To be or not to be
That’s the question!
Así finalizamos: ¡ser o no ser creativo, esa es la cuestión!
Mientras fue sucediendo la dramatización se fue yendo mi inhibición con el inglés y empecé a coordinar en ese idioma y luego saqué a relucir mi francés y todos íbamos entendiendo bastante bien. Al rato alguien balbuceó algo en el italiano de su familia, otra en portugués canturreaba bossa nova, se escuchó un saludo en hindú con reverencia y todo y así seguimos casi dando la vuelta al mundo en otros idiomas.
Habíamos roto las represas y navegábamos felices sin fronteras.
Sur les ponts d´Avignon,
L´on y  danse, l´on y danse.
Sur les ponts d´Avignon,
L´on y danse tout en rond.
 ¿Conclusión?
El viento que bamboleaba levemente nuestras velas era la fresquita espontaneidad.
Una delicia. Mis reflexiones  irán entonces en esa dirección.
Dramatizaciones motivadoras:
Se realizan con la situación que quieran investigar los alumnos o que sugieran los profesores. Los objetivos pueden ser variados, múltiples y / o simultáneos.
Presento algunos:
-repasar y / o  adquirir nuevo vocabulario.
-repasar y  / o adquirir nuevas estructuras.
-ejercitar la conversación.
-ejercitar la escucha.
-redactar sobre lo vivido.
-re-crear algún texto.  
-motivar la investigación.
-estimular la interacción.
-crear historias en escenas.
-continuar  posteriormente -de manera individual, en sub-grupos, oral, por escrito, etc.- las historias o algún personaje que los impactó.
-conectar la dramatización con otras historias - de películas, de la vida propia, etc.-
Voy a tomar una escena tipo para ejemplificar mis ideas:
En el aeropuerto.
Hay allí muchas situaciones que pueden explorarse. Se deja que los alumnos vayan avanzando en la escena y que como en la vida, les sucedan cosas imprevistas, que seguramente se sucederán  a partir de la propia dinámica de los que intervienen y fuera del control tradicional de los profesores. Algunos sucesos, aparentemente impresionan alejados del programa que se está desarrollando, pero esa dinámica espontánea que se genera es el hilo conductor de la motivación. De esa manera los alumnos sienten que están viviendo el conocimiento, que se está construyendo in situ a medida que se lo transita, que es propio de cada uno y del grupo al que pertenece.
Habitualmente los conductores del aprendizaje más tradicional somos  los que
sabemos–léase profesores-.
 Aquí, en encuadre de trabajo psicodramático,  hacemos otras cosas:
1) leemos la dinámica grupal para entender el modo que transita el grupo en su aprendizaje de ese día: reflexivo, activo, individual, grupal, participativo, ejercitativo, analítico, etc.
2) leemos la dinámica grupal para conocer el clima emocional: aburrido, tenso, divertido, hosco, falto de espontaneidad, deseoso de cambio, triste, denso, cansado, enojado, chistoso, conversador, etc.
3) nos leemos a nosotros mismos:
¿cómo estoy hoy? ¿abierto, preocupado, irritado, directivo, espontáneo, contento? ¿qué siento en mi cuerpo? ¿rígido, me duelen los hombros, estoy relajado, tengo sueño?
Estas lecturas preliminares personales y grupales son esenciales para el conocimiento de la atmósfera general y particular de todos los que intervenimos en el acto o proceso educativo y para estar confiado en la propuesta didáctica a implementar. Sobre todo es una gran ayuda para  los profesores noveles en coordinar dramatizaciones o técnicas psicodramáticas.
4) si consideramos adecuado el abordaje psicodramático en el aquí y ahora, entonces explicamos algunas cosas de su funcionamiento, organizamos el juego de roles, jugamos algún rol si es necesario para romper el fuego, nos divertimos, aceptamos la situación, adaptamos el tiempo que tenemos a lo que vamos a hacer. Es imposible desarrollar una dramatización completa en 10’ pero sí ejercitar una técnica para despertar el alumnado.
Volviendo a la escena del aeropuerto hay mil variables posibles para focalizar la escena
Se me ocurren algunas:
-¿cómo estoy vestido para el viaje?¿pantalones, falda, abrigo, sombrero?
-¿cómo me siento  antes del aterrizaje y mirando por la ventanilla el destino elegido?
-¿es mi primer viaje? ¿es de rutina?¿qué ilusiones tengo? ¿qué miedos?
-presentar documentación: ¿qué cara tiene el oficial?¿es rudo, amable?¿desconfianza ante pasaporte sudamericano?¿muchas preguntas?
-ingresar al país:
 ¿qué país? ¿qué situación del país? ¿qué ciudad? ¿qué clima hay: pánico con la vaca loca, atentados terroristas en los trenes, fiesta de navidad, verano, invierno, qué hora es?
-¿qué valija tengo? ¿pesada, mochila, portafolio?
-buscar alojamiento:¿caro, barato, céntrico, en los suburbios?
-decidir medio de transporte.
-solicitar información
-hablar por teléfono.
-escribir mail.
-elegir comida.
-cambiar dinero.
-entender indicaciones escritas, orales o por micrófono.
-salir del país llevando la experiencia acumulada:¿qué me pasó? ¿valió la pena? ¿cuánto gasté? ¿tengo ganas de volver a mi casa? ¿quién me espera?
Algunos consejos útiles:
1) estemos en sintonía con la propuesta que hacemos.
2) el método psicodramático complementa los métodos tradicionales de aprendizaje, no los suplanta.
3) la acción socio¬-psicodramática tiene sus complejidades que hay que aprender a conducir y contener. Aprendamos entonces vivencial y teóricamente la propuesta en sus variadas maneras: dramatizaciones, técnicas aisladas, teatro espontáneo, periódico viviente, etc.
3) lo espontáneo llama a lo espontáneo.
 Y es responsabilidad del profesor estimularla. ¿por qué es ella importante? Porque permite la comodidad, la confianza, el encuentro consigo mismo, con los otros y fundamentalmente con el conocimiento. Y también el descenso del control, de la exigencia crítica. Ellas dificultan la confianza.
La espontaneidad no es falta de reglas, no es el descontrol al cual tanto tememos los profesores. Al contrario: son reglas que conducen a la adecuación. Y dentro del método psicodramático hay caminos precisos que conducen a ella. La vivencia psicodramática es lo más parecido a la vida misma, sólo que sucede en un entorno más protegido, donde podemos detener la experiencia, retroceder, avanzar, soñar, contar lo que nos pasa por dentro y porqué  no, volver a empezar.
Dejo para el final la imagen inolvidable de mi querida Mademoiselle Marcelle Duprat, emigrada de la  II guerra, con su toque europeo, el sombrerito blanco y el paragüita que la protegía del implacable sol del verano en las desiertas calles de mi pueblo a las tres de la tarde, frágil e ingenua, cuyas clases fueron las fiestas más escandalosas de mi secundario. Allí aprendí que podía divertirme locamente mientras ensayábamos los gorgoritos nasales.
Excuse-moi Mademoiselle…pero ojalá alguien me recuerde como la recuerdo yo.
Excuse-moi et merci beacoup.

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